Así
es, cada una de las veces que has pasado por mi vida sólo eso ha existido:
mentiras; de esas que no se olvidan, de esas que dañan mucho más que la más
brutal sinceridad que puedas expresar…
Mentiras
que aun sabiendo que lo eran, he creído… que aun sabiendo que me dañarían, las
hice mías… mentiras que vislumbré y que aun así me mantuvieron a tu lado…
mentiras que hoy, aun hoy intento justificar… intento culparme, intento no
adjetivarte como lo que eres: un mentiroso…
Por
qué lo hago¿?... por qué sigo creyendo que todas esas veces que te has alejado
de mí yo tuve la culpa¿?... por qué sigo pensando que algo hice mal¿?... por
qué sigo con la idea de que alguien como
tú jamás podría estar con un tipo que no es suficiente como yo¿?... por
qué¿?...
La
respuesta más fácil, más obvia; la respuesta a bote pronto sería: “por
pendejo”… pero tú y yo sabemos que de eso no tengo nada, tú mejor que nadie
sabe lo que soy y como soy… tú bien sabes lo que puedo y lo que no puedo… tú
bien sabes…
Entonces,
por qué lo hago¿?... simple, se me nota al observarte… se me nota al querer
complacerte en todo momento, al interesarme en tu vida, al involucrarme
contigo… se me nota… se me nota lo mucho que te quiero… se me nota…
Y
sí, te quiero… no me apena escribirlo, ni decirlo… así como no me apena
escribir que tú jamás me has querido ni lo harás… porque tú y yo sabremos que
si lo dices o lo escribes será sí, una más de tus mentiras…
Rodrigo

