Todo
comenzó con un mensaje, uno de tantos… durante toda la semana te había querido
proponer comer juntos pero no había encontrado ni el momento ni el valor para
hacerlo, quizá muy en el fondo tenía esa esperanza de que lo propusieras pero
conforme pasaron los días me daba cuenta que ese mensaje no llegaría así que…
una noche me decidí a escribir: “cocinarás mañana¿?”, confieso que no creí que
respondieras pero lo hiciste, aunque desafortunadamente la conversación no tuvo
el final que esperaba... con un poco de amargura me fui a dormir deseando cual quinceañero
que a la mañana siguiente recibiera ese mensaje diciendo: “comemos¿?”…
Amaneció,
las horas pasaron… finalmente me rendí, ese sentimiento que da cuando sabes que
otra vez no será se apoderó de mí… una mezcla de mal humor y desilusión me acompañó desde el mediodía
hasta mi hora de comer, así que decidí abrir una botella de vino y brindar a tu
salud, por reflejo te envié un mensaje diciendo que lo haría… me serví una copa
y me perdí en los recuerdos… nuestros recuerdos…
No
sé exactamente en qué pensaba cuando recibí una notificación, por un momento
dudé en revisar… lo hice, eras tú… mensajes fueron, llegaron… compartir un par
de botellas, charla y risas acordamos… aún con incredulidad me apresuré para
estar puntual, en el camino sólo un pensamiento me acompañaba: volvería a
verte…
Llegar,
verte al abrir la puerta… estaba tan nervioso que no recordaba si te había
saludado al llegar, por eso te pregunté, quizá el recibimiento que la pequeña
“K” me regaló me hizo perderme ese momento (sonríe)… te abracé o sólo te dije:
“hola”¿?, ahora que lo pienso, crees que le dediqué demasiado tiempo a “K”¿?
digo, terminé lleno de pelos y baba pero creo que se divirtió mientras jugamos…
Uno
de los momentos que me gusta de nuestra “relación” es cuando hay que decidir sobre
lo que comeremos, me gusta tu manera de enumerar las opciones a elegir y de
leerme el menú una y otra vez, es tan encantador… y sí, somos unos gordos (se
carcajea)… lamento, una vez más, haber olvidado comer el pan de dulce, espero
te hayas comido todos (le guiñe un ojito)… fue la primera vez que cenamos
juntos, ojalá haya muchas más…
Quizá
fue el cansancio, el vino o la película lo que te hizo quedarte dormido pero
gracias a eso pude hacer algo que siempre había querido hacer: cuidar tu sueño,
mientras dormías no pude dejar de contemplarte…
acariciar tus cejas, que tanto me gustan… tomar tus manos… me habría
gustado detener el tiempo y que esa hora que dormiste no hubiera terminado, te
veías tan plácidamente dormido, tan confiado… estuviste cómodo¿?
Me
hubiera gustado haberme quedado y dormir a tu lado, pero… eso no fue parte del
acuerdo, te respeto y te quiero demasiado como para faltar a mi forma de ser
para contigo, lo sabes… esa madrugada al recibir ese abrazo inesperado mi
sentir se quedó contigo… me gustas, me inspiras, me motivas… gracias por esa
gran noche…
Te
quiero…
Rodrigo