Desde
que me comentaste la primera vez que vendrías una mezcla de nervio y emoción se
apoderó de mí, ya sé… es algo difícil de creer pero así fue… por qué¿?, pues…
existen muchos motivos pero uno de los principales es que iba a ser la primera
vez que te vería fuera de la pantalla de la laptop, y eso… bueno, es algo que
aunque deseaba me hacía sudar y me hacía recordar mis años de secundaria, esos
en que te tiembla todo cuando hablas con quien te gusta o cuando le tomas su
mano…
En
fin, desde el momento en que supe que vendrías me propuse hacer de tu visita
algo realmente agradable, me puse a investigar, me informé, aprendí muchas
cosas (sonríe)… hice itinerarios y mapas (vuelve a sonreír); tenía todo a punto
pero… sí, tengo que escribirlo… cuando supe que no vendrías me desilusioné…
mucho…
Al
cabo de unos días volví a mi cotidianeidad, intenté no pensar en lo que hubiera
pasado y simplemente me dije: “algún día será”; volvimos a charlar como tantas
otras veces, compartimos vivencias, secretos, me lleve uno que otro de tus
regaños, discrepamos en muchos temas como nos gusta hacerlo, y una que otra vez
salía lo de que vendrías, ahora sí… pero debo confesar que aunque te creía en
mi interior esa posibilidad no la sentía real…
La
noche que te escuché decir: “llegaré el viernes” me quedé sorprendido, no lo
podía creer… no sabía qué decir ni cómo reaccionar, sólo pude expresar que me
daba gusto pero mi mente ya estaba haciendo miles de preguntas, buscando
actividades, lugares, etc… me agarraste desprevenido¡! (se carcajea)… no te
imaginas lo mal que me sentí cuando comenzamos a tener contratiempos en la logística…
lo lamento, de verdad…
Los
días antes de tu llegada fueron de locos, ahora te puedo escribir que tenía
algunos compromisos para esas fechas pero… venías, así que cancelé todo y me
preparé para recibirte de la mejor manera, bien sabes lo mucho que te quiero y
lo importante que eres para mí, así que como te escribí esa noche: “sí, tengo
planes… contigo”… y así fue, lo notaste…
El
viernes llegó, venías en camino ya y yo… seguía sin poder creer que en unas
horas por fin te vería, cuando llegó tu mensaje diciendo que ya estabas acá me
quedé así de: “no inventes”, al llegar por ti, al verte sonreír… al abrazarte
por fin, toda esa adrenalina, nervio, agitación, pena que sentí porque llegué
tarde a recogerte se esfumó… fue algo muy raro lo que sentí, sólo voy a
escribir que fue muy lindo abrazarte… contemplarte… por cierto, algo de lo mucho
que me gustó de ti es tu forma de caminar, tan elegante… lo demás, no lo
escribiré…
Esos
días que pasamos juntos, todas esas horas… lugares que visitamos, actividades
que hicimos… esas primeras veces, esos más de 10kilometros recorridos…
sonrisas, miradas, silencios… el tomar tu mano… cantar… todo eso, hasta lo más
mínimo, ha sido lo mejor que mi 2mil15 ha traído… quizá no lo creas, quizá
piensas que exagero pero… eres de las mejores personas que tengo en mi vida, de
las muy pocas en las que confío…
Tantos
recuerdos llegan ahora a mi mente, momentos tan significativos que no podría
escribir sobre uno en especial, sólo sé que mientras se acercaba el momento de
la despedida más complicado se me hacía decir algo, me cuesta reconocerlo ahora
pero no quería que el domingo llegara, te quería decir tantas cosas pero todo
fue tan rápido, hubo oportunidades lo sé pero… cuando me di cuenta ya había
pasado el abrazo de “hasta pronto”, ya estabas cruzando la puerta… ya estabas
por partir… cuando se te cayeron las donas estuve a punto de correr a
levantarlas, sin importarme si me detenían los de seguridad… pero, sólo me
quedé ahí esperando tu partida… recordando… recordando lo feliz que me sentí,
lo bien que me hizo tu visita… muchas gracias por venir…
Rodrigo

