lunes, 20 de diciembre de 2010

Qué pasa el día después¿?...

Nada… ese el problema… no pasa nada… porque te quedas con la misma sensación que tenías el día anterior… y el día antes de ese…

Todos los días después son iguales… cada uno de ellos empieza con dolor de cabeza… ese dolor de cabeza insoportable que no es otra cosa que el no haber dormido la noche anterior… el haber llorado en silencio (por el qué dirán) casi toda la madrugada… por preguntarte una y mil veces… por qué me pasa a mi¿?...

Casi siempre ese día después ha sido si no el peor… lo más cercano… te das cuenta que no tendría razón de ser… ya que todo lo que se dijo el día anterior lo sabías de antemano… y lo sabías porque en el camino te encontraste pequeños detalles que no podían pasar inadvertidos… pero… alguien sabe por qué nos engañamos con eso de que en verdad nos quieren¿?...

Si sólo fuera el dolor de cabeza no habría tanto problema (una pastilla bastaría para eso)… pero qué tal la cruda emocional¿?... esa que te queda después de por fin aceptar que aquello que creías a tu alcance definitivamente no lo estaba… de convencerte que ni era el momento ni la persona… que lo que hubo fue una ilusión… porque de otra forma no habría terminado tan fácil…

Con eso en mente… te levantas… miras a tu alrededor… como buscando algo… o alguien… pero no… en verdad estás solo… haces el esfuerzo y te convences que necesitas un baño… caminas… el “por qué¿?”... “por qué¿?”... sigue en tu cabeza… de repente te miras al espejo… te sorprendes con lo que ves… y más con lo que escuchas… “te lo dije… pero no me hiciste caso… todo el tiempo lo sabías y aún así… decidiste seguir… ahora mírate… mírate… llorando como un niño y lo peor… no sabes qué hacer¿?”...

Te metes a la ducha y por fin puedes llorar sin que nadie lo note… tus lágrimas se confunden con el agua caliente de la regadera… no haces otra cosa más que estar ahí… de pie… pero sólo porque tu orgullo no te permite caer… junto con el agua sobre tu cabeza caen los recuerdos… malditos recuerdos¡!… uno tras otro te van arrastrando por cada uno de los eventos importantes de lo que hasta ayer era lo mejor que te había pasado… si no tienes buena memoria ese martirio acabará pronto… pero si la tienes… el recuerdo del más insignificante de los detalles aplastará lo poco que queda de ti…

Por fin tomas valor y cierras la llave del agua caliente creyendo ilusamente que tus pensamientos se irán junto con el agua por la alcantarilla… pero no… siguen ahí… y te recuerdan palabra a palabra la frase que vivirá contigo los próximos meses… esa frase que cambia según la persona que la pronuncia pero que en todos los casos significa lo mismo: “no fue suficiente”… demoledor…

Agotado tanto por el baño como por la situación decides continuar con tu día… pones tu mejor cara y sueltas la tan usada frase de los que no tienen el valor para reconocer que necesitan a esa persona más de lo que creían… “no sabe lo que se pierde”… la repites una y otra vez mientras te pones el pantalón… como si por repetirla fuera a ser cierta… una vez que has terminado de engañarte sonríes y estás listo para lo que venga… que iluso…

La terapia funciona… han pasado 10 minutos y no has pensado en la situación… abres el refrigerador dispuesto a prepararte algo para desayunar… la realidad te alcanza… han preparado café… si… como el que tomaste tantas veces a su lado… no sabes cómo reaccionar… lo único que sientes: un hueco en el estómago… te quedas sin moverte por unos segundos que para ti son horas… reaccionas cuando alguien te pregunta “quieres¿?”… te muestra su taza y sólo atinas a decir un “no gracias” con lo poco que te queda de voz…

Sales a realizar tus actividades… trabajar es lo mejor… te ayuda a mantener la mente ocupada por unas horas… cuando por alguna razón empiezas a caer en el túnel de la pena… sucede algo imprevisto que te hace reaccionar… un proveedor te falla… un cliente te hace la platica… alguien deja caer algo… bendito trabajo¡!... qué haríamos si no existiera¿?...

Para cuando llega la hora de irte a tu casa te das cuenta que ha pasado la mitad del día y no has pensado en la causa de tu pena… claro has tenido que pedir que ese día no se encendiera la radio por si programaran alguna canción que te hiciera recordar… preparas tus cosas y te das el lujo de desear buena noche a todo el que se cruza por tu camino… pero con lo que no contabas era que al abrir tu celular para mandar un mensaje de texto estaría ahí el último mensaje que le enviaste… lo lees… y te das cuenta que aún significa algo para ti… no sólo algo… mucho…

Así que… poco a poco la angustia te atrapa… no sabes qué hacer… tomas el primer taxi que se te cruza en el camino… a la pregunta obligada: “a dónde lo llevo joven¿?”… quisieras responder a donde la pena no te alcance… pero no existe ese lugar… lo tienes muy claro… así que das tu dirección… por qué será que todo el mundo cree que en su casa se sentirá mejor¿?...

Una vez en tu casa te encierras en donde empezó todo… tu cuarto… sin desvestirte te tiras en el suelo… con un brazo te tapas los ojos como si con eso quisieras evitar que las lágrimas nuevamente salgan… lo consigues pero sólo por unos minutos… porque antes de eso murmuras lo que le habrías dicho de haber tenido el valor… de no haber aparentado tranquilidad… de no haber dicho que lo entendías... el no haberle dado ese abrazo que habías guardado tanto tiempo y que sólo quedó en un intento fue el peor error que cometiste... las lágrimas comienzan su camino… lento… penoso…

El peor momento se da cuando te das cuenta que en verdad sentías más de lo que pensabas… cuando te das cuenta que se estaba convirtiendo en la persona que querías en tu vida… cuando te das cuenta que ya no está… demonios¡!...

Con tantas emociones te levantas… te preguntas: qué hago¿?… mil y una respuestas te vienen a la mente… algunas tan locas e imposibles que sólo confirman que has perdido la razón… que todo esto te afecta mucho más de lo que imaginaste… lo único que se te ocurre es escribir… tomas la portátil y das rienda suelta a tus sentimientos… los transformas en palabras… no sabes por qué lo haces… pero sientes la necesidad de hacerlo… y esas palabras terminan publicadas en un blog que cualquiera puede leer… pero no todos pueden comprender...

Al terminar… te sientes perdido… estás agotado… la soledad te abraza… esa que te acompaña desde siempre… la pena te arrulla y te dejas llevar… poco a poco el cansancio te vence… y antes de abandonarte al sueño una frase sale de tu interior… “deseo que ésta vez sea para siempre”…


Rodrigo

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