lunes, 24 de febrero de 2014

Una tarde...



De esas que no se olvidan, de esas que permanecen en la memoria mientras la vida dure, de esas que se comparten con alguien que representa más de lo que puede saber o suponer… sí, una tarde como esas pasé contigo… contigo…

Comenzó con esa sensación de no querer llegar tarde a tu encuentro pero así fue, 12minutos… minutos que me hicieron falta, minutos que intenté recuperar con una carrera hacia ti; no sé si mi agitación fue por los metros que corrí o fue por observar tus ojos, esos que me gustan tanto, sólo sé que mi corazón al abrazarte latía apresurado, al sonreír… al caminar junto a ti…

Cierro los ojos y momentos específicos vienen a mi mente; sonrisas, cuchicheos, opiniones, juicios de valor, descripciones, juegos, miradas, pausas… todo eso que sucedió durante nuestro recorrido que culminó con un abrazo en la penumbra acompañado de un juego de manos a contraluz… cierro los ojos y siento que sucede de nuevo…

La tarde avanzó, avanzó mientras caminábamos intercambiando ideas, ideas que fueron desde la vida de Frida Kahlo hasta las plagas de ardillas y “pepes” sin dejar de lado un espectáculo de un “encantador de víboras”…

El caminar juntos, escuchar nuestras pisadas con el crujir de las hojas… intercambiar miradas… detenernos a escuchar un cuarteto de cuerdas mientras interpretaba una melodía, una melodía que aún no logró identificar; sólo fue el preámbulo para estar ahí sentados, abrazados, recargados uno en el otro sin más testigo que las gotas de lluvia, acompañados de nuestros pensamientos y sensaciones… acompañados…

La tarde acababa, tú lo sabías… yo lo sabía; la lluvia me animó y te besé… te besé porque me gusta hacerlo, porque me gustas… porque quería y lo necesitaba; ese beso, no fue el primero pero sí uno que llevaba mucho tiempo guardado junto con esos abrazos y caricias, con esas miradas y sonrisas, con ese tomar tu mano…

La lluvia, los árboles, las hojas caídas, el viento fueron testigos de una tarde que no olvidaré, de una tarde que al día de hoy me hace sonreír, de una tarde que se convirtió en nuestra tarde… nuestra tarde…

Rodrigo

Un perro...



Sí, eso fue lo que propició nuestra charla aquella madrugada… aquella madrugada en la que tanto él como yo buscábamos lo mismo y que al final no encontramos; aquella madrugada que poco a poco se fue convirtiendo en amanecer…

Un perro que con el paso de las horas supe que era una ella, con nombre “Bonnie”… a quien le estoy agradecido por aparecer aunque fuera un instante pues me permitió compartir palabras, vivencias, sonrisas con alguien a quien ya le había visto todo menos el rostro… pero que con esa charla descubrí lo genial que es…

Y es genial porque es auténtico, es muy él… con sus pros y contras pero eso lo hace tan interesante; tan de un lugar como de otro pero al final sigue siendo él… agradable, de sonrisa fácil, de sueños, de tan pa´ lante…

9, 11… 17llamadas… no sé cuántas… pero valieron la pena; escucharlo sonreír… imaginar el brillo en sus ojos, imaginar sus bostezos… su reacción al leerle la mente (sonríe), imaginar su forma de abrazar la almohada… imaginar…

Horas y horas pasaron, gracias “Bonnie”… gracias, pues compartí un momento de mi vida con alguien a varios kilómetros de mí pero que sentí muy cercano … y gracias a ti, que estuviste ahí, que estás ahí… que ahora lees esto; pues sí, hiciste diferencia esa madrugada, amanecer…  y que deseo, espero puedas y desees seguir haciéndolo…

Rodrigo