Puedo escribir que soy un enamorado de la Luna… de
su belleza… de su inspiración… de su eterna compañía… de su paciente escuchar…
de su silencio curativo… de su elegante iluminar… de su complicidad… puedo
escribir al mismo tiempo que creo en el influjo que tiene en el ánimo de las
personas… en la manera en las que se relacionan… así como en su entorno…
Para nadie es un secreto que esa misma Luna interviene en el cambio constante de las mareas… influye en la pleamar arrojando a la playa objetos varios que pueden ser en algunos casos extraordinarios o en otros franca inmundicia… e influye en la bajamar arrastrando cosas extraordinarias y desechos que ya no sirven hacía el mar para no verlos jamás…
Hace algunos meses en mi mente sólo existía espacio para el recuerdo… el recuerdo de una relación que me dejó herido… con mucho dolor… lleno de decepción… y con una gran amargura… al grado de no querer involucrarme con alguien más… no estaba dispuesto a pasar por algo similar… así que abandoné la idea de conocer a quién pudiera hacer la diferencia…
Una noche… hace 30 noches… la marea arrojó a mi playa a un ser extraordinario… un ser capaz de cambiar mi ánimo con sólo una mirada… un ser tan encantador que se ganó mi aprecio desde la primera palabra… un ser que tenía heridas… heridas recientes… heridas que le impedían proseguir el camino que deseaba… un ser que con el paso de los días… y las noches… me devolvió la capacidad de involucrarme… de corresponder… de imaginar…
Esa persona desde aquella primera noche ocupó mi mente y mi tiempo… con cada momento me fue convenciendo que teníamos más coincidencias de las que pudimos imaginar… con cada mirada lo fui descubriendo… aún cuando rompimos nuestros esquemas… aún cuando la razón que nos reunió se interponía entre los dos… aún cuando no nos conocíamos del todo… el afecto creció… al grado de representar lo más importante que tenía… que tengo…
Desafortunadamente la misma marea se encargó de arrebatarme a ese ser extraordinario… tal vez el miedo… la inseguridad… la indecisión… la sombra que carga desde hace tiempo… pesaron más que sus emociones… que sus anhelos… sólo él lo sabrá… porque lo vivido no fue mentira… lo dicho no fueron palabras al viento… lo sentido no fue casualidad…
Hoy por la tarde lo dejé ir… se fue con esa misma mirada con la que llegó… con ese mismo peso que lo agobia… ese peso que no ha podido sacudirse… que no le permite ser feliz… pero sé que lo hará… sé que pronto se levantará y dejará todo atrás… porque merece ser feliz… merece todo lo que desea… y así será…
A mi… sólo me queda darle las gracias… gracias por rescatarme… por recordarme de nuevo lo que valgo… lo que puedo ser… por quererme… por las noches sin fin… por las charlas maratónicas… por los “juju¡!”… por los “eaeaa¡!”… por soportar a éste tipo tan idiota… por ésta lágrima… hiciste diferencia… y no volveré a ser el mismo…
Rodrigo
Posdata… “Y” prestaré más atención a la marea… tal vez… alguna vez… la marea te regrese a mi…
Nota: al leerlo me doy cuenta que sigo siendo un
enamorado de la Luna, de las historias, de la gente extraordinaria, de los
buenos momentos; sigo siendo el mismo tipo idiota que se entrega, que siente
intensamente… aunque tengo que escribir que la marea aún me sigue debiendo
después de 4años (sonríe)…


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